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Impresionante villa con vistas infinitas al mar (ref.1021)

Chalet Independiente en venta en Ibiza, Baleares

venta: Precio a Consultar
ref. 1021
730 m2 construidos.
2.000 m2 parcela.
 
 Dormitorios 8
 Baños 8
 Cocina Amueblada
 Garajes 6
 Carp. Exterior Madera
 Carp. Interior Madera
Estado Muy bueno
Aire acondicionado
Piscina privada
Garaje
Calificación Energética En trámite
Alarma interior
Caja fuerte

Impresionante villa con vistas infinitas al mar

Na Xemena, al noroeste de la isla de Ibiza, fue una elección buscada, casi anunciada. Su entorno físico y cultural, el descubrimiento de su luz como elemento conductor del proyecto y la razón determinante de la forma. La grandeza del paisaje frente al mar, un entorno sobrio y casi solitario, de rocas y sabinas, y en el horizonte los acantilados que se difuminan y se adentran en el mediterráneo. La magnitud de todos los elementos que se integran en este espacio intemporal nos exige una actitud reverente ante tanto. Tantos siglos de paisaje inmutable no podía ser objeto de equivocación. 

Desde la preparación de los primeros planos, la elección de materiales y colores, los volúmenes y los elementos constructivos, se articularon con una fluidez natural, sin estar constreñidos por un esquema geométrico rígido, aunque con una base racional que refuerza la unidad de todo el conjunto. La casa esta planteada de manera que puede tener un crecimiento continuo y que este puede desarrollarse determinado por las pautas que marca el núcleo originario. La agregación de diferentes cuerpos que forman las dependencias interiores, se dispone como una secuencia de espacios cuyas medidas varían proporcionalmente en sus tres dimensiones, trazando un recorrido creciente.

El conjunto arquitectónico se ordena escalando la base rocosa, definiéndose como un todo compacto y de aparente simplicidad, estableciendo un paralelismo con la morfología del acantilado. Desde el exterior la disposición de las terrazas y la piscina, con apenas insinuados desniveles, forman una perspectiva visual que se corona con la rotunda geometría de los volúmenes propios de la casa. Todo el conjunto queda armonizado con su entorno, sin estridencias, como una sucesión suave y lógica del terreno y del paisaje. Desde el mar, con su cornisa de rocas, pinos y sabinas, asciende hasta confundirse con el profundo azul del cielo.

Los diferentes niveles con los que ha sido concebida la planta actúan como un elemento dinamizador del espacio, definiendo lugares en el exterior como la terraza y la piscina con entidad propia, orientadas frente al mar, que permiten disfrutar a todas las horas del día de los cambiantes colores del paisaje Mediterráneo.

Los muros exteriores, limpios y desnudos, se horadan para captar la luz siguiendo un orden natural marcado por la configuración interior, predominando el lleno sobre el vacío, revocados con colores obtenidos con pigmentos naturales, grises en los suelos y las terrazas, y añiles en los planos verticales. Un cromatismo que contribuye a unificar las masas, a la vez que diferencia los dos cuerpos principales, colores que también atraviesan los muros y penetran en el interior de la casa.

Todo el espacio exterior se completa con la geometría de las escaleras para el acceso a las entradas de la vivienda y a las terrazas. Terrazas que se elevan configurando un recinto extraído al terreno, acotado perimetralmente, por el agua y por bancadas construidas con viejas traviesas. Los accesos están protegidos, al exterior, por grandes contrapuertas metálicas del mismo color que el muro, y que cerrados sobre los grandes ventanales se integran en él, afirmando su austera geometría. Diminutos huecos cuadrados salpican con una tibia iluminación el pavimento exterior en la noche.

Tres ventanales de madera de Iroko, embebidos en los muros, enmarcan la panorámica sobre la terraza y piscina, la cual aparece como una lamina de agua que se funde con el mar. Los paños interiores con los colores azul cobalto y blanco, son como un hilo conductor que está presente en toda la casa y sobre los que desciende la luz cenital que penetra a través de los lucernarios . Un entarimado de madera de Iroko recorre desde el salón, el techo y la pared del comedor llegando hasta el pavimento de cemento bruñido. Una escalera interior construida con tablas de Iroko incrustadas en el muro, conecta el salón con el estudio ubicado sobre el comedor, desde el que se accede a las terrazas superiores de la cubierta.

En el volumen de la habitación los espacios de servicio se organizan en un ángulo de la estancia principal, la bañera empotrada a ras de suelo, tiene una visión directa sobre el exterior. Las puertas interiores de iroko se engarzan directamente sobre los tabiques siendo este su propio marco. Los objetos que forman parte de la casa son una continuación de los materiales y formas de la misma.

En esta intervención aparece una secuencia de espacios que se van abriendo del interior al exterior, en una actitud de absoluto respeto frente al entorno, es decir, construir a partir de él, que no en su contra, con conocimiento de la fragilidad del territorio y de su capacidad limitada de albergar imágenes sin diluir su carácter, una meditada actitud que recoge todas las sugerencias de la topografía, del mar inmediato y de la luz, buscando la legitimidad que el tiempo ha otorgado a este lugar. Un encuentro con el silencio, la luz y la sombra, el día y la noche, la tierra y el agua. Esta casa y toda su estructura se decanta por la emoción que intenta describir la realidad, conmover e ir directamente al impacto visual. Conseguir que la casa comunique algo de la propia convicción personal y hacer parecer sencillo lo más profundo y complejo de nuestra milenaria civilización.



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